Toneladas de cáscara de naranja recuperan una zona forestal en Costa Rica

Este experimento medioambiental se abandonó y 16 años después resultó un éxito de reciclaje extremo.

Cuando en 2013 Timothy Treuer, investigador del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Princeton, buscaba una zona en la que un colega le había mencionado que realizaron un experimento 15 años antes, tuvo que volver a pasar una segunda vez para dar con ella. Fue incapaz de ver a la primera la señal de más de dos metros con brillantes letras amarillas que marcaba la zona. Estaba casi oculta por la vegetación. ¿Qué había pasado dos décadas antes en ese lugar?

En 1997 Daniel Janzen y Winnie Hallwachs, un matrimonio de investigadores de la Universidad de Pensilvania, se encontraron trabajando como consultores para el Área de Conservación de Guanacaste en Costa Rica, que por aquel momento buscaba ser reconocida por la UNESCO. Esta pareja de ecólogos tuvo una brillante idea: proponer a la empresa de zumos Del Oro que, a cambio de que éstos donaran parte de sus terrenos forestales a la futura zona protegida, les dejarían depositar gratuitamente sus restos de materia orgánica en una zona del parque degradada por la sobreexplotación ganadera. Un win-win en toda regla.

Más de 1.000 camiones dejaron 12.000 toneladas de pieles y pulpa de naranja en una zona delimitada de tres hectáreas. La idea era realizar un seguimiento anual de este aporte de materia orgánica. Sin embargo, una empresa rival, TicoFruit, pleiteó contra el acuerdo. El juez consideró que Del Oro estaba contaminando un parque nacional y lo revocó. El área cubierta de restos de naranja cayó en el olvido hasta que en el verano de 2013, cuando Treuer discutía líneas de investigación con Janzen, este mencionó la historia y le dijo que esa zona nunca había sido estudiada a fondo más que para identificar especies por parte de los taxónomos del parque.